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la estrategia de Alberto para próximos 100 días


En medio de presiones cruzadas por parte de gremios y empresarios, Alberto Fernández busca consenso para encaminar la reactivación

Alberto Fernández no sale de la lógica política: quiere que el equipo económico comunique «buenas noticias» -alentadoras- antes de fin de año.

La lista se fue engrosando con el correr de las jornadas:

  • La prórroga hasta marzo de las tarifas congeladas
  • La posibilidad de que quienes no pueden pagar las cuotas de los préstamos puedan diferir esa obligación hasta el final del crédito.
  • Mayores controles a los precios de materiales para la construcción y de los electrodomésticos.
  • Baja de comisiones para las aplicaciones que usan los restaurantes para el delivery.

Son algunos de los ejemplos de las últimas horas.

A falta de recursos para mantener la ayuda prestada durante la pandemia (ATP o el IFE), el Gobierno hace una especie de artesanía del socorro en la crisis.

De todas formas, el Presidente sabe que el desafío de fondo se jugará más entrado el verano. En la Casa Rosada esperan mayores presiones desde el sector empresario y también desde los sindicatos, que buscan que el 2021 no los encuentre mal parados después de tres años recesivos.

Alberto F. le pidió a Martín Guzmán que alternara las negociaciones con el Fondo Monetario con los contactos con los empresarios de los principales grupos empresarios. Para el jefe de Estado, ese vínculo entre su principal ministro y el establishment es estratégico

El Presidente -él mismo lo comentó en repetidas oportunidades- confía en el diálogo permanente. Es lo que intentó hacer desde el inicio de su gestión, pero que Cristina Kirchner le reprobó aquel festivo 9 de julio, con foto incluida en Olivos.

Guzmán viene de reunirse con Paolo Rocca, el influyente titular de Techint, principal conglomerado industrial de la Argentina. La última vez que se vieron, en el evento Propyme organizado por Techint, Rocca le comentó que tras un año «durísimo», «ya pasamos lo peor; estamos saliendo de la crisis«. Y completó: «La encuesta de nuestras pymes nos muestra una visión positiva. Esperan un aumento de facturación e inversiones, un 40% más«.

El ministro también compartió una cumbre con algunos miembros de AEA, la estratégica Asociación Empresaria Argentina, donde conviven desde Techint hasta el Grupo Clarín, Arcor y Mercado Libre. Lo más representativo del establishment. Incluso trascendió que Guzmán organizó un encuentro entre algunos de esos líderes empresarios con la misión del FMI que hace algunas semanas estuvo en Buenos Aires.

Alberto Fernández reserva para sí mismo el diálogo directo con los gremialistas. Tanto con los «gordos» de la CGT como con Hugo Moyano.

Ahí el Presidente se siente a sus anchas: confía en su vínculo histórico con quienes ostentan el poder gremial. Fernández sabe que nada será fácil, de aquí en más. Una prueba de las idas y vueltas: le dio el protagonismo a la CGT en los festejos del 17 de octubre, y un par de días más tarde la propia central obrera le reclamó a viva voz que era muy temprano para quitar la ayuda del Estado por la pandemia.

Guzmán, el encargado de reforza el diálogo con el sector empresario.

Guzmán, el encargado de reforza el diálogo con el sector empresario.

¿El diálogo económico y social es el camino?

El Presidente les prometió a los «gordos» que habrá una convocatoria al Consejo Económico y Social, algo que viene postergado desde el inicio de la administración, hace ya un largo año.

¿Será posible en el inicio de 2021? Por lo pronto, hubo sondeos con Roberto Lavagna para que presida ese foro. Pero el exministro transmitió a la Casa Rosada su negativa luego de escuchar los reclamos de los empresarios y de los sindicalistas. Lavagna se llevó la impresión de que las posturas son irreconciliables en el corto plazo.

Hay un hecho concreto: ni los gremialistas ni los empresarios están dispuestos a ceder luego de tres años de pérdidas, y con la incertidumbre por los alcances del Covid en una Argentina que se ha quedado sin margen para asegurar ayuda del Estado.

Por eso el Gobierno quiere mantener los puentes hacia ambos márgenes. Porque necesita el reaseguro de que el camino hacia marzo no será fácil.

Según admiten desde el equipo económico, el mayor desafío por delante para por encontrar el equilibrio entre el ajuste necesario (los funcionarios no hablan de «ajuste» sino de reordenamiento pospandémico) y las lógicas demandas sociales y de los empresarios, tras años de estancamiento y recesión.

El objetivo oficial pasa por mantener el bloqueo sobre las demandas de uno y otro lado, básicamente, porque no hay espacio para alterar el escenario. El equilibrio muy precario que existe en términos sociales.

«¿Es sostenible políticamente este escenario?», se pregunta un consultor político que suele recorrer los pasillos de la Casa Rosada. «¿Qué hará el Gobierno si se acelera la inflación»?, (se) pregunta.

Y ahí viene la conexión con la primera parte de la nota. El Gobierno, aun con escasas herramientas, hace esfuerzos y hasta sobreactúa las «buenas noticias». Se sabe: los congelamientos de precios o los beneficios financieros pueden sostenerse en un plazo limitado, pero sin dudas las tensiones se acumulan. La Argentina tiene una vasta experiencia al respecto.

Gobierno árbitro: con el despertar de la economía revive también la puja distributiva.

Gobierno árbitro: con el despertar de la economía revive también la puja distributiva.

Una estrategia envuelta en tensiones

La cuestión que evalúan en el Gobierno refiere a cuál sería el escenario más conveniente. ¿Un acercamiento entre las partes, con la Casa Rosada de árbitro, para alinear la evolución de precios y salarios para la primera parte del año?

¿O mejor sería aguardar, primero un arreglo con el Fondo Monetario, para luego hacer el intento por el acuerdo en el plano local?

Los funcionarios consultados que se inclinan por la primera opción ponen de relieve el punto a favor que sería la demostración de una cohesión interna en medio de las negociaciones con el FMI.

Los más renuentes, en cambio, apuntan a algo crudamente lógico: que ese acuerdo interno está muy lejos de concretarse. Y que la exposición de esos ruidos podrían perjudicar las conversaciones con el organismo internacional.

Los reclamos empresarios a la Casa Rosada quedan expuestos en cada acercamiento: el descongelamiento de los precios en los sectores regulados – con los alimentos a la cabeza- y la baja de la presión impositiva figuran en la primera plana del menú.

La cosa no luce más apaciguada desde el lado sindical. Los «Gordos» y Moyano ya despuntan una interna que los depositará en la pelea de fondo por la conducción de la CGT, hacia el segundo trimestre del año. ¿Alguno de ellos querrá mostrar debilidad en una negociación después de varios años de retroceso en el poder adquisitivo de los trabajadores, en vísperas de la definición de su propio esquema político?

Hay algo ineludible. Y es lo que evalúa Fernández: el Gobierno necesita llegar al Otoño con las principales variables en calma: el dólar y la inflación. Un salto cambiario abrupto echaría por tierra cualquier intento de estabilización y crecimiento económico, justo en el año electoral.

Los próximos 100 días serán clave para el armado de ese escenario. En el medio, Alberto Fernández tendrá que administrar las presiones cruzadas para conducir la salida de la crisis.



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Escrito por Redacción

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