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los boliches están en situación terminal


La falta de permiso para organizar fiestas al aire libre pone en grave situación a la mayoría de los 5000 establecimientos dedicados a este entretenimiento

Luego de la decisión del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, de dar marcha atrás con el permiso para la realización de fiestas al aire libre para hasta 200 personas, los dueños de discotecas de todo el país advierten sobre el inminente cierre de miles de establecimientos.

Los empresarios aseguran que, de los 5000 establecimientos dedicados a la organización de eventos de este tipo, alrededor de 2000 podrían cerrar sus puertas si se mantiene el cepo a una industria que, advierten, se cae a pedazos mientras la ilegalidad gana terreno frente a la atenta mirada de las autoridades que pretenden no enfrentar el tema esperando que pase la temporada lo más rápido posible.

De hecho, la semana pasada un grupo de empresarios le envió una dura carta al presidente Alberto Fernández para tramsitirle la preocupación por la falta de respuestas a los reclamos para ordenar las fiestas clandestinas que todos los días se organizan en varias localidades de la provincia de Buenos Aires.

A través de la organización Idear, reclamaron por la «creciente clandestinidad que surge a partir de la prohibición del entretenimiento formal que afecta a nuestro país y la indefinición e indecisión en torno al entretenimiento formal y debidamente habilitado en una temporada de verano que ya comenzó».

En el mismo sentido, Ariel Gambini, socio fundador de IDEAr (Industria del Entretenimiento Argentino), hace referencia a las incoengruencias que se generan alrededor de la marcha atrás del gobernador bonaerense y el permiso para operar dado a las salas de juego.

«Realmente estás habilitando a que se junten 2.000, 3.000 personas de riesgo en un bingo o en un casino por cuestiones económicas y estás decidiendo no brindarle un ámbito seguro para que se diviertan los jóvenes», asegura el empresario.

Advierte que a partir e estas contradicciones «siguen empujando a los jóvenes a que se tengan que divertir sin ley, sin cuidados, sin seguridad, todo lo cual nos debería hacer pensar como padres teniendo en cuenta que no me cambiaría nada que mañana cierren casinos, bingos, teatros».

Los boliches bailables, en situación crítica

Los boliches bailables, en situación crítica

Gambini también se pregunta qué hacer con los jóvenes a los que considera un segmento etario que ya demostró el hartazgo que tiene y que no va acatar ningún tipo de medida sanitaria.

«¿Cómo se los va a contener, a cuidar?», reflexiona, a la vez que insiste en que su sector ya le ofreció a las autoridades propiciar un ámbito seguro, más allá de lo rentable.

«Un lugar donde los jóvenes se puedan divertir de un modo seguro y controlado, para evitar usar la misma fórmula que vemos claramente que fracasó en Europa. Nosotros venimos tres meses después y ni siquiera nuestra soberbia nos permite aprender de los errores ajenos», cuestiona.

En busca de una legislación clara y cumplible

Sus palabras van en línea con la carta enviada por Idear a las autoridades nacionales en la cual se hace referencia a la falta de una legislación clara y cumplible por parte del gobierno nacional y de los gobiernos provinciales y municipales en general.

«Esto hace que el entretenimiento no sea considerado una política de estado sino, por el contrario, se intente esconder debajo de la alfombra y evitar tomar decisiones para no hacerse cargo, más aun siendo una realidad de vital importancia en medio de una supuesta etapa de Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO) que en teoría pero no en la práctica rige en el país», añaden los empresarios para quienes «las fiestas clandestinas ya dejaron de ser clandestinas».

De hecho, plantean una acusación general al entender que «todos saben que ocurren y casi nadie hace nada«, además de sembrar una sospecha sobre quienes se benefician de este escenario. «¿Será que a algunas autoridades les sirve la clandestinidad?», se preguntan.

Insisten en la necesidad de brindar una opción de entretenimiento dentro del marco legal y que permita atomizar esa creciente clandestinidad fuera de control.

Para los empresarios se trata de un flagelo que creció a pasos agigantados con el correr de la cuarentena más larga del mundo. «A mayor restricción, mayor clandestinidad. La gente hace meses que no se queda en su casa y los jóvenes buscan los momentos de ocio y entretenimiento. Si esto no se ordena, los riesgos que se corren serán cada vez más altos y los responsables de todas las consecuencias derivadas de la clandestinidad serán, únicamente, las autoridades que eligen mirar para otro lado y no hacerse cargo de la situación», sostienen.

Ante la falta de boliches bailables, crecen las fiestas clandestinas

Ante la falta de boliches bailables, crecen las fiestas clandestinas

Para los integrantes de Idear, son varios los riesgos de las fiestas clandestinas:

– Falta de seguridad: robos, peleas, violaciones, abusos, vandalismo.

– Falta de servicios de emergencia: intoxicaciones, accidentes, inseguridad..

– Tránsito: lugares alejados e inhóspitos que se llega por caminos improvisados en mal estado, exceso de pasajeros arriba de un mismo vehículo, sin conductor designado, accidentes fatales.

– Riesgos eléctricos: armados de la fiesta sin profesionales técnicos.

– Conflictos sociales: vecinos hartos, peleas y denuncias por ruidos molestos recurrentes.

– Riesgo sanitario: carencia total de protocolos, sin distanciamiento alguno e imposibilidad de mantener las burbujas sociales.

«Necesitamos ofrecer a la sociedad entretenimiento seguro y con protocolos, bajo esquema de burbujas sociales, con horarios extendidos para evitar que la gran mayoría de la gente quiera continuar la noche más allá de los horarios establecidos», reclaman desde IDEAr



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Escrito por Redacción

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